El PEPÍN BELLO de la microficción

Los siguientes textos tienen en común que sus autores me honran con estar entre mis amigos de facebook.
 

Mil gracias a todos ellos, 

Fernando Gómez Lamadrid, 
el Pepín Bello de la microficción.



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SOBREMESA o FIN DEL MUNDO
Eloy Tizón

   Hoy después de comer he retirado el mantel, he lavado los platos, y un día estaré muerto.


 

UN HOMBRE CON SOMBRERO NEGRO
Inés Mendoza

   Casi toda la gente que iba en coche se detenía a mirar al hombre con sombrero negro que estaba sentado en una glorieta. No sólo se detenían, algunos también le tomaban fotos. Pero apenas los que iban en los coches pasaban por otras glorietas próximas, se quedaban atónitos al ver que en cada una había sentado un hombre con sombrero negro. La ciudad estaba a tope. Las glorietas también, quizá el mundo. Así que toda la gente de los coches empezó a preguntarse por qué había sentados en las glorietas tantos hombres con sombrero negro. Y cada uno de los hombres con sombrero, por su parte, también empezó a preguntarse por qué toda la gente que iba en coche se detenía a mirarle atónita y a hacerle fotografías.




TRAICIÓN
Javier Alonso García-Pozuelo 
   
   El estruendo del ascensor al detenerse en el portal sonó más siniestro que nunca. Apenas siete pisos nos separaban del Infierno y ambos lo sabíamos. Sabíamos que una vez en casa ya nada sería igual. Cuando Roberto hiciese girar la llave en la cerradura del 7º I, ya no habría marcha atrás. Por eso, mientras él buscaba la dichosa llave en los bolsillos de la maleta, yo le decía, sin decirle, pero le decía, le gritaba con toda mi alma, que no encontrase la llave, que la dejase caer para siempre en el pozo sin fondo del conformismo, yo le pedía que, por favor, cumpliese la promesa de no volver nunca a nuestra casa, a nuestra rutina de instituto y ministerio, a nuestra apatía de guisos y sofá. A la bochornosa traición de una vida que no era la que nos habíamos prometido.
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Nota del “autor”:

   La idea del microrrelato, la atmósfera, las frases brillantes y hasta el nombre del protagonista masculino están sacados de A PESAR DE LA LLUVIA, un maravilloso relato de mi amiga Inés Mendoza.

   El título del microrrelato, lo de empezarlo en un portal y eso del séptimo infierno, me lo sopló al oído "una mujer callada que tenía un gato".

   El resto es mío.
 


 
AIRE COMO AGUA
Mariana Torres

   Entro en un edificio hueco por dentro, de muchos pisos de altura. Subo en un ascensor esférico, transparente. Un ascensor escafandra. Desde allí puedo verlo todo. En el quinto piso peces gigantes nadan en el aire. Tienen los bigotes largos de los peces abisales, se mueven tan lentamente que parecen quietos. En el décimo, junto a las escaleras mecánicas, dos peces pequeños luchan por quedarse el poco aire que queda. El más grande se mete dentro de la boca del otro para aguantar unos segundos más.
 



BALANCE
Hipólito G. Navarro

   A un tigre, así sea albino, nunca le da por contar sus rayas. Tener algunas de más o de menos sobre la piel es asunto que le trae bastante al fresco.

   Al domador tampoco le apesadumbra tener que encargar a un ebanista una bonita caja de teca forrada de terciopelo para guardar en ella parte de su anatomía. Son los riesgos de su oficio y no se puede decir que los desconozca o los desprecie.
El buen artífice de la madera, por su lado, suele ostentar también como trofeo de la profesión, además de un aura de finísimas partículas de palisandro o de caoba, alguna que otra extremidad más o menos incompleta, desmochada. Tampoco pierde tiempo el artista en contabilizar su merma, consciente tan sólo de que un ebanista que gesticule con sobreabundancia de dedos al aire siempre será un ebanista sospechoso.
 

   El tigre, el ebanista, pues, hacen oídos sordos a todo lo que no sea su arte de arañar la carne o la madera. Construyen su obra desbastando materia, restando nudos y nervios, huesos e imperfecciones, sin detenerse a contar sus dedos o sus rayas.

   El domador, por su parte, calla y otorga. Deposita sin pena su oreja ya disecada en el estuche de teca a la vez que intuye que el tigre, el ebanista, él mismo, podrían ser sordos incluso, individuos que poseen la asombrosa capacidad de cerrar oídos, ensimismados como están con su arte, tanto a los sonidos necios como a los otros.




LA MUL'ÁNIMA
Rodolfo Lobo Molas

   La condenaron a muerte en la horca por haber mantenido relaciones amorosas con un sacerdote. Mientras colgaba de la soga, se sintió un ruido de cadenas y ella expiró con un último relincho.




PASAJERA EN TRANCE
Christian Solano

   La llevé a varios lugares durante horas. Se retocaba el maquillaje cada vez que volvía a subir al taxi. Era imposible dejar de mirarla por el retrovisor. Cuando bajaba me pedía, por favor, que la esperase. Dudé la primera vez, tardo casi una hora, pero siempre regresaba. Me susurró al oído que al finalizar el recorrido me pagaría, acariciándome la oreja mientras jadeaba sus palabras. Llevo veinte años esperando que salga del edificio al que entró por última vez.




E.F.
José Ovejero

   Elfriede Jelinek ha desaparecido, anunció mi vecina entusiasmada, así que salimos a buscarla. Buscamos por todas partes, a pesar de que Elfriede siempre nos había atraído y repelido a la vez, como esas niñas que te dejan caer un chorro de saliva en la mano y luego lo lamen sin quitar los ojos de los tuyos. Mientras buscábamos teníamos premoniciones de sangre y objetos punzantes, de aguas turbias y olor a humedad en un lugar cerrado. La encontramos al atardecer; me pareció aún más delgada de lo habitual. Atravesó en silencio el grupo de rescate y solo nos dirigió una mirada sin que ninguno de los presentes pudiese decir que le había mirado precisamente a él; la verdad es que encontrarla tan pronto nos causó cierta decepción; al regresar cabizbajos a casa la amábamos y la seguíamos odiando. 




CÓRTAME EL NUDO, GORDIANO
David Roas

   Ismael Godínez, lúcido aún, nota cómo su cuerpo se mece como un pelele colgado del techo de la habitación, y se arrepiente de haber cedido a aquel estúpido arrebato. Sus manos actúan de forma autónoma intentando detener la terrible opresión de su cuello, mientras sus pulmones luchan por tragar un poco más de aire. De pronto, un pequeño halo de luz se cuela bajo la puerta. Ismael sabe que puede llegar su salvación, pero no se atreve a moverse: ello aceleraría más su estrangulamiento. Para llamar la atención, lanza unos gemidos sofocados. Al otro lado de la puerta, sus padres escuchan en silencio, felices de saber que Ismael, por fin, ha traído a casa una amiguita.




CANCIÓN DE CUNA
Julia Otxoa
 

   De noche, acostada en mi cama, poco antes de entrar dulcemente en el sueño, me gusta escuchar las sirenas de los grandes barcos deslizándose por el mar, saludándose entre ellos o anunciando su entrada a puerto, como sereno lenguaje de entrecruzadas luces y sonidos  a través de la oscuridad. Lenguaje cuyos códigos desconozco, pero cuya melodía  llena mi ánimo de paz. Conocer que la ciudad donde vivo nunca tuvo mar, no disminuye un ápice cuanto siento.



FANTASMA
Patricia Esteban Erlés

   El hombre que amé se ha convertido en fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.




LA VENTANA
Amelia Arcos

   Te dejo.
   Aún no te lo he dicho.No he tenido oportunidad.Tampoco la quiero. Es mejor así, sin hablar. Que sea este adiós como la primera vez que me acariciaste por debajo de la falda, respirando...Mirándome y sin hablar.
   Como ahora, que también respiro y desde la ventana veo cómo te alejas...
   Voy a hacer las maletas.
   La indiferencia se ha instalado en el recuerdo de los días felices.


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Tanto este blog como mi página de facebook son iniciativas sin ánimo de lucro. 

Fernando Gómez Lamadrid